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jugo gris 1.0

Carta a Rodolfo Walsh.

Carta a Rodolfo Walsh. A pedido de A. B.

Rodolfo:
Te escribo a pedido de Aníbal, porque la verdad que yo jamás me hubiese animado.
Además de que no me conocés, me causa mucha vergüenza que un hombre de letras lea esta carta y vea como maltrato nuestro idioma. Solamente sigo adelante porque creo que vas a entender y valorar como importante lo que intento decirte más que como lo expreso.

Junto a estas líneas te envío algo que pinté, también a pedido de Aníbal. La verdad es que prefiero expresarme a través de imágenes.

No sé si lo conocés bien a Aníbal. El es un amigo al que quiero mucho. Un cacho de mi vida.
Fuimos compañeros de Bellas Artes pero él saltó al trampolín, a ese vacío que es ser artista.
Hace mucho, cuando todavía estudiábamos juntos, se le ocurrió que hiciéramos una exposición en Concordia.
Ya la idea lo pinta de cuerpo entero.
No tirar la onda a Buenos Aires, ni siquiera a un lugar con chapa acá en Córdoba. No, en Concordia. Porque vivió allá. Porque le gusta. Porque la quiere.
El hacía sus cosas así, sin bajarles los decibeles, casi con rebeldía. Una rebeldía (o pilas) que a muchos se nos agotó pero que en él continúa. La misma que le llevaba, en aquella época, a pintarse en su camisa caqui un “perro estrella”, ejemplar que campeaba en sus obras y que él lucía orgulloso como una condecoración.
La misma que le da fuerza para continuar haciendo su obra a pesar de todo y de todos.
Este es el amigo que insistió para que te escribiera, aún sin conocerte.

No encabecé esta carta con la habitual fórmula de “querido” porque pienso que la palabra dentro de una frase hecha se vacía de contenido. Hasta “frase hecha” ya lo perdió.
Espero que tampoco te moleste que te tutee, más tratándose de un mocoso como yo.
Hay una razón, al igual que comience mi carta llamándote simplemente Rodolfo y luego te cuento cuál es.

Cuando vos ya eras un hombre yo recién nacía. No conozco bien como fue tu infancia y tu juventud, pero creo que habrás tenido épocas en las que había espacios para hablar, para escribir y para pensar. Espacios que ya sabemos como se fueron eliminando.
A los de mi edad las cartas nos las barajaron de otra manera.
Aquí hago un paréntesis, quiero que me interpretes bien.
Mi deseo es compartir con vos algunas vivencias, no soy tan necio de creer que te puedo contar nada que vos no conozcas ya, sino decirte como se vivieron algunas cosas desde acá, desde los ojos de un chico y desde este pedacito de Argentina que se llama Córdoba, más precisamente en las siete cuadras que me separaban de la escuela, en las que me movía y eran mi mundo.

Te decía que a nosotros nos las barajaron de otra manera. Muchas cosas siempre fueron algo raro y malo de las que no se hablaba.

Recuerdo que veía por televisión como subían los milicos.
Yo, un chico que desde su ignorancia esperaba que las cosas mejoraran, pregunté:
¿ahora vamos a estar mejor?
Mis dos viejos, que miraban la transmisión conmigo, se dieron vuelta al mismo tiempo y me dijeron que estaba loco, mientras me observaban como a un bicho raro.
Seguramente les salió del alma, porque no podías tomar en serio lo que pudiese opinar a los once años. Cerré la boca.

Miraba, veía.

Veía, y escuchaba, que los actores que le gustaban a mi vieja dejaban de salir en la tele.
Lautaro Murúa, Carlos Carella, Federico Lupi, Norma Aleandro, Marilina Ross, todos los de “Cosa juzgada”, Luis Brandoni y muchos más que ya no me acuerdo.

Otras cosas parecían un mito, o un logotipo.
Perón era más un perfil pintado con una plantilla con aerosol que una persona.
Todas las paredes estaban llenas de siglas que no sabía de que eran: Montos, ERP, FARC, FARP, FAL. ¿El fal no era un fusil?

No entendía nada, nadie sabia bien y, por supuesto, nadie explicaba nada.

Cuando caían los milicos al barrio a hacer las “operaciones rastrillo” todos los chicos espiábamos las armas. Juntábamos casquillos del tiroteo de la vuelta, en una casa prácticamente demolida por los disparos y contábamos como bajó el helicóptero en la canchita.

Para que veas el grado de boludez (con perdón) que tenía, la primera vez que mi hermano puso una grabación de Silvio Rodríguez pensé, que lindo, que vozarrón tiene esa mina. Si, creía que era una mujer.
Confundía el Che Guevara y Nacha Guevara, no sabía si eran la misma persona o si tenían algo que ver.
Desgraciadamente lo que SI tenía en claro es que ambos eran mala palabra.
Y a propósito del Che, igual que Perón, siempre fue una pintada. Ceño fruncido, boina con estrella mirando un poco por encima mío.

Pero vos no.
Será porque escuché de vos un poco más grande.
Será porque me enteré de lo que hiciste antes de ver una foto tuya.
Nunca fuiste un logo, una imagen. Fuiste una actitud.

Luego fui creciendo.
Nacieron mis hijos: Matías, Talía e Ignacio.
Pensaba decirles siempre la verdad.

Nunca mentirles.

Pero para no mentirles nunca, tendría que saber siempre cuál es la verdad y ahí se me ataron las ramas.
Me enfrenté con la dimensión de los absolutos. Nunca. Siempre.
Sólo puedo ofrecerles mis intenciones, las mejores. Esas que dicen empiedran el camino del infierno.
Eso es mentira. Las buenas intenciones no son dañinas.

Si la torpeza daña, la buena intención redime. Ojo, no digo la excusa, la justificación, me refiero a la intención real.

Ahora, ya más grande y con hijos, pienso en qué soy.
¿Soy adulto? ¿Soy padre? ¿Soy diseñador gráfico?

Pienso en lo que no soy.

No soy un rótulo, no soy una etiqueta.
Tengo hijos pero no soy sólo padre. Laburo dibujando y diseñando pero no soy sólo un diseñador. Me niego a los casilleros.

Puedo ser tierno y cruel.
Puedo ser bueno y una bosta.
Puedo ser valiente. Puedo ser cobarde.
Soy un hombre, soy humano.

Siempre pensé en vos como un hombre, como un ser humano más que como un escritor.
Esa es la razón por que te tuteo. Por qué comencé mi carta llamándote simplemente Rodolfo.
De hombre a hombre.

Para mi, antes de ser escritor fuiste hombre. O después.

O sobre todo.

De hombre a hombre, esta carta termina siendo para mi.
Quiero probar.
Equivocarme.
Ser auténtico.
Quiero ser hombre.

Sobre todo.

Eric.
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3 comentarios

dosdedos -

¡Touché!
Como siempre estimado...

elpeorsordo -

Confesá que te gusta chusmear ;-)

dosdedos -

En este momento me siento como si hubiera leído una carta que por error dejaron en mi buzón y que abrí a pesar de haber leído que el destinatario no era yo... perdón...
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