Tom Selleck en Mr. Baseball interpretaba a un jugador de este deporte quemado que termina sus días en Japón.
En este dorado ostracismo, con las consabidas escenas producto del contraste de culturas, mister beisboro debe filmar un comercial que no comprometía su dignidad según le aseguraban sus anfitriones.
Luego en la pantalla de TV lo vemos ridículamente vestido, como un luchador de sumo, moviéndose como Godzilla.
Con mayor vuelo Bill Murray protagoniza Lost in traslation (Perdidos en Tokio, en Argentina - ¿algo se perdió en el camino o en la traducción?) de Sofía Coppola. En el filme es un actor que va a realizar un spot para televisión en la nación nipona. Las larguísimas indicaciones del director del comercial que el actor recibe, escuetamente traducidas por una servicial interprete, forman parte de una escena que roza el lugar común sin desbarrancar.
En la ficción es una estrella declinante de Hollywood que va a cosechar dinero fácil, a buscar su ración al imperio del sol naciente y con ello pierde su ya casi inexistente orgullo.
Robar, como le decimos por acá. Suntory time, sería la nueva forma de expresarlo.
Si algo queda en claro en ambos filmes es que en la publicidad japonesa, además de elegantes imágenes que emergen cual iceberg en los festivales Clio de cortos publicitarios, hay una gran cantidad de... eh... arte?
Febril imaginación de los guionistas?
Una película se inspira en la otra?
Si es así, el mundo real las imita a ambas.
¿Es la culpa de quienes dan de comer o de esta piara de cerdos?
Vean la cruda verdad aquí.
Y no se pierdan estas perlas del gobernador de California.